SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Tener que decir
(imagen 1) Tener que decir Las letras, el arte, las creaciones de la cultura en general, han de tener como raíz insustituible de su ser propio y auténtico su interna «necesidad». No hay que decir en verso o en música sino aquello que ha sido necesario decir. La más demoledora crítica de un hecho artístico será siempre la de su gratuidad innecesaria. La de aquel crítico acerbo: «Ayer, en la sala Pleyel, dio un recital el joven pianista Fulano de Tal… ¿Por qué?» Pero, acaso sin darnos cuenta, estamos conviviendo con un vicioso desplazamiento del «porqué» íntimo del creador al «por qué» exterior y difuso de la clientela. El arte y las letras se están extendiendo hasta su máximo coeficiente de elasticidad. Llegan hasta insospechadas lejanías, pero llegan rarificadas y empobrecidas de distensión como una camiseta de punto cuando el propietario engorda. Si se lee en un cancionero del siglo XVI que un caballero le robó la novia al poeta en la «mañanita de San Juan», probablemente al...