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Mostrando las entradas de agosto, 2020

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Tener que decir

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  (imagen 1) Tener que decir Las letras, el arte, las creaciones de la cultura en general, han de tener como raíz insustituible de su ser propio y auténtico su interna «necesidad». No hay que decir en verso o en música sino aquello que ha sido necesario decir. La más demoledora crítica de un hecho artístico será siempre la de su gratuidad innecesaria. La de aquel crítico acerbo: «Ayer, en la sala Pleyel, dio un recital el joven pianista Fulano de Tal… ¿Por qué?» Pero, acaso sin darnos cuenta, estamos conviviendo con un vicioso desplazamiento del «porqué» íntimo del creador al «por qué» exterior y difuso de la clientela. El arte y las letras se están extendiendo hasta su máximo coeficiente de elasticidad. Llegan hasta insospechadas lejanías, pero llegan rarificadas y empobrecidas de distensión como una camiseta de punto cuando el propietario engorda. Si se lee en un cancionero del siglo XVI que un caballero le robó la novia al poeta en la «mañanita de San Juan», probablemente al...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA : Llegar ayer

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  Llegar ayer Mi amigo comentó gravemente: —¿No han leído lo que ha asegurado el profesor Rocco en el último Congreso de Aeronáutica de Roma? Ha asegurado que cuando se logre viajar a la velocidad de la luz —y la cosa parece que está al caer—, subjetivamente el tiempo se detendrá para nosotros- Como es la luz la que, llegando a la tierra, nos va midiendo los días y las noches, cuando nos pongamos a su compás o le cojamos la delantera, nos iremos dejando el almanaque a la espalda. Otro de los interlocutores confirmó: —De hecho, con nuestras modestas velocidades actuales, ya nos comemos algunos trocitos de tiempo cuando en los viajes trasatlánticos vamos retrasando todos los días las horas de nuestro reloj para acompasar a la diferencia de hemisferio. Volando en avión de reacción, y tragándose de golpe una buena ración de horas, ya ha habido quien ha logrado «llegar ayer». No es imposible ya salir un cinco de mayo de un sitio y llegar al otro el cuatro de mayo. —Claro que t...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: La hora de los supervivientes

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  La hora de los supervivientes (imagen 1) La primavera andaluza ha florecido este año, tanto como de claveles, de viejos americanos y europeos. Hay como una universal sublevación de sexagenarios que han invadido todos los lugares y privilegios de la juventud. Parejas en pleno crepúsculo realizan sobre los lugares más turísticos del planeta una nueva manera de viajes blancos, a los que habrá que buscarles un nombre: porque «viajes de novios» no deben de ser, aunque por fuera los imitan con bastante exactitud. Ellos se visten con clara desenvoltura deportiva; ellas se amarran sobre el pelo de plata pañuelos de seda con caballos, naipes o aeroplanos estampados sobre rabiosos fondos amarillos. Bailan, beben bebidas frías. Ocupan esas alcobas poéticas que los hoteleros, con insinuantes denominaciones —«la del jardín», «la de la terraza»—, reservaban a los recién casados. Y, sobre todo, se sacan fotografías, innumerables fotografías. Yo supongo que es para enviarlas a los hijos, yernos ...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Los hijos tachados

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  Los hijos tachados (imagen 1) Para los que no somos técnicos en Economía será siempre un poco inexplicable ese afán que todos los Estados parecen tener por proteger las grandes proles numerosas. La simultaneidad de esa protección con las continuas lamentaciones por la abundancia de «parados» o la escasez de materias parece un poco incongruente. A primera vista tiene uno la impresión de que el Estado subvenciona la fabricación de competidores para nuestros ya racionados bastimentos. Cuando las autoridades vuelcan su generosidad o su júbilo, ante un feliz parto triple, el hombre vulgar siente la misma extrañeza que si se recibiera con música y fuegos artificiales a la cuadrilla que viene a asaltar nuestro ya esquilmado huertecillo… Pero, puesto que el mundo entero parece interesado en aumentar la población, su razón debe de tener. Desde luego, la perplejidad y la duda no se producen más que en el terreno económico. En el moral, y aun en el estético, el asunto es claro. La prole...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: La tristeza del método

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  La tristeza del método (imagen 1) El mundo se mecaniza por momentos. El hombre —el protagonista de esta gran comedia de la vida— se escurre por los rincones, se oculta, desaparece. Poco a poco su puesto va siendo conquistado por las cosas inanimadas, frías, automáticas, inmutables. El golpe seco de la máquina de escribir sustituye al rasgo personal de la pluma; la ruletilla del teléfono automático hace enmudecer a la lejana y poética señorita de la Central; las puntadas rectas y unánimes de la máquina de coser vencen a la vieja costura menuda, primorosa, femenina… Y lo mismo en las obras del espíritu. Un libro de ciencia, por ejemplo, es cada vez más un producto de laboratorio impersonal y frío. Antes, la confección de un libro, como la de un dulce casero, necesitaba unos pocos ingredientes sencillos: papel, pluma, tinta y cerebro. Ahora necesita otros mucho más: fichas, notas, recortes, tijeras, goma. Un libro a la moderna es, como el pan de Viena, un producto de elaboración m...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Vivir del cuento

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  Vivir del cuento (imagen 1) En la plaza central de cualquier pueblo andaluz —sobre todo hacia la costa del Sur— es fácil ver una larga fila ritual de hombres que toman el sol en los bancos de mampostería, bajo la sombra mínima de los naranjos de bola. ¿De qué viven esos hombres? El «Séneca» me lo puntualizó una vez por todas: «Viven del cuento.» Es una profesión etérea y gaseosa, pero que tiene peso de estadística, de casilla de padrón. Se sabe perfectamente que en tal pueblo hay «tantos» que viven del cuento. ¿Qué cuento es ese? Nadie lo sabe bien; pero debe de ser un enorme cuento mágico y optimista, lleno de gozosas perspectivas hacia Jauja, la Arcadia y demás países donde parece que la abundancia es mucha y nulo el humano esfuerzo. Porque el que «vive del cuento» vive fundamentalmente de la nada, de la imaginación… El «Séneca» creía haber descubierto la fundamental ley económica, y el pacto del pacífico turno que rige la fantástica profesión. Los vividores del cuento se parte...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Institutrices

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  Institutrices Como los permisos de importación no son ahora tan fáciles, también se ha restringido bastante la importación de institutrices. Pero hasta hace unos años era bastante familiar, en cualquier banco soleado del Retiro, esta estampa llena de sugestiones. En el banco, en fila, una miss , un fräulen , un mademoisselle : Europa. Delante de ellas, una barrera de lecturas nostálgicas o de labores abnegadas: la miss leía David Copperfield ; la fräulen hacía camisetas para los niños, siempre flacos, de Austria; la mademoisselle repasaba una revista de excelente papel, con trajes y saloncitos que nunca poseería. Aquella barrera de sueños y evasiones eran los Pirineos… Y luego, dos o tres niños, a sus pies, diableando, riéndose de ellas o manchándose de tierra los vestiditos nuevos. Porque también allí África empezaba en los Pirineos. La estampa, reeditada en todos los paseos públicos hispánicos, estaba cargada de incitaciones para ese problema, nunca del todo apaciguado y r...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Elegía del bollo de las seis menos cuarto

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  Elegía del bollo de las seis menos cuarto Europa está cruzando, como un equilibrista, un hilo tenue y frágil tendido de marzo a junio: desde el agotamiento de la pobre cosecha pasada a la granazón de la cosecha nueva. Hay telegramas que hablan de hambre, de muertes, de raciones… Hay, sobre todo, unos telegramas fríos y tremendos, donde se cifra estadísticamente el descenso de las calorías concedidas a los hombres: mil, setecientas, seiscientas… De la tabla de los Derechos del hombre hemos pasado a la tabla de sus calorías. Los ministros de Alimentación, con las manos rigorosas en la llave, miran impávidos cómo baja el manómetro de la vida humana: mil, setecientas, seiscientas… España, aunque solidaria con el dolor europeo, vive la tragedia en líneas más rebajadas y tenues. Entre los telegramas catastróficos se abre paso con los codos, como un señorito en una manifestación de desharrapados, la orden española prohibiendo la elaboración de bollos y ensaimadas. Esas cosas dulces y ...

SIGNO Y VIENTO DE LA HORA: Gloria y dolor de la etiqueta

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 Gloria y dolor de la etiqueta ¡Es de etiqueta! Algún miembro de la familia ha descubierto, al pie de la cartulina de la invitación, el rengloncito de letra menuda con la amenazadora consigna: «De uniforme o etiqueta». Se han cruzado miradas de terror de la madre a la hija; de la hija al hermano. Todos recuerdan la efeméride tremenda. Hace cinco años, el padre de familia se vistió, otra vez, de etiqueta. Fueron dos horas de trágica recordación: la busca, primero, de las prendas, el punto de almidón de la camisa, las victorias sucesivas sobre los gemelos de los puños, sobre los pasadores de la pechera, sobre el cuello, y, al fin, el coronamiento definitivo; el lazo de la corbata. Ya, esta vez, hay, por lo menos, antecedentes conocidos y cierta «división de trabajo»: porque fue la madre la que logró, la otra vez, a pulso, la introducción de la camisa sin despeinar al padre; la hija, la que consiguió que los ojales de la pechera se pusieran de acuerdo, tarea tan ardua como la de aun...